Los pasados días 24 y 25 de noviembre se realizó la XVIII edición travesía Javalambre 2001.
A las 8 horas de la mañana de un sábado frío pero con un sol radiante, todos los participantes de las distintas regiones de España nos reuníamos en el pueblo de Manzanera (Teruel), en las magníficas instalaciones del Camping Villa de Manzanera. Concitados para vivir dos días de intenso frío y aventura.
A las 9 en punto, separados por grupos, nos poníamos en movimiento a intervalos de tiempo marcados, los 89 participantes. Demasiado pronto tendríamos que recurrir a los servicios de la ambulancia. A los 3 km del punto de encuentro, todavía en frío, un despiste de un participante en moto le haría sufrir una caída. Se le trasladó a Teruel y por suerte no tenía nada roto. Por la noche, ya en el hotel donde teníamos previsto pernoctar, estaba con nosotros con el brazo y el hombro liado, aguantando las bromas de sus compañeros.
Las primeras
nieves del recorrido las encontramos en las cercanías de Alcotas y las
grandes placas de nieve helada en la pista de los Paraísos, más
de 6 km de bajada hasta llegar a la aldea de los Cerezos, donde teníamos
el primer control, después de reponer fuerzas, bocadillo y café
caliente, nos preparamos para el ataque a la Sierra de Javalambre. Poco a poco
subíamos la empinada pista de los Olmos hasta la cota de los 1700 m después
teníamos que bajar por un estrecho camino hasta el fondo de un barranco
y de allí subimos por una difícil trialera que tanto la nieve
como el hielo se empeñaron en dejarnos muy crudo el intento. Tal es así
que tan sólo 5 vehículos lograron subir a lo más alto.
Coronación y abandono (nobleza obliga). Inmediatamente después
tuvieron que rendirse a la evidencia -por evitar partir el grupo- y regresar
al mismo sitio. Tuvimos que cambiar el recorrido establecido en el libro de
ruta y seguir otro itinerario diferente que ya teníamos previsto anteriormente.
Estábamos
a 1900 m y el espesor de la nieve cada vez era mayor, las motos subían
por donde podían esquivando los ventisqueros y escogiendo los espacios
más limpios, pero los coches lo tenían más difícil,
pues el camino que nos tenía que llevar a lo alto de la sierra, a 2020
m,estaba en algunos tramos imposible de pasar y el rodar fuera de pista ya sabemos
que está prohibido, otra vez nos vimos obligados a cambiar el recorrido
(qué, ¿hay recursos?, haylos). La nieve y la sabia naturaleza
nos estaban jugando con nosotros, gente menos avezada, diría venciendo.
Coronación,
éxtasis y apoteosis. En pleno corazón de la sierra, en un valle
inmenso, un sol radiante, un día espléndido, y las posibilidades
de movimientos con nuestros vehículos cada vez se hacían más
difíciles. Volvimos unos kilómetros desandando nuestra rodada
con el fin de perder altura y coger otra ruta que discurre por la solana, tuvimos
éxito y por fin pudimos salir a la pista principal y de allí a
lo alto. Pero todavía teníamos que llegar a Camarena de la Sierra
donde nos esperaba la comida, otros 6 km de sufrimiento para las motos debido
a la nieve helada, muchas caídas sin consecuencias y sustos de salidas
de pista para los coches, pero unos a una hora, y otros a otra, todos llegamos
sanos a la comida
.
Después de comer la cosa cambió. Dijimos adiós a la nieve
y los hielos, y por rápidos cominos íbamos llegando al pueblo
de Sarrión. Pero la noche se nos echaba encima, teníamos que seguir
muy atentos las indicaciones del libro de ruta y los cruces, pues en cualquier
desvío errado, te podías perder.
Por fin estábamos en el pueblo de Mora de Rubielos en el hotel donde teníamos previsto pasar la noche. Nos llevamos una gran alegría cuando vimos aparecer al amigo Jaime, el motero que sufrió el accidente al comienzo de la travesía, ayudado por su compañero Ramón.
Al día
siguiente la salida se daría a las 10 horas, pues el recorrido solamente
sería de 50 km. Un recorrido corto pero muy bonito. Seguimos unos cuantos
kilómetros por el antiguo trazado de la vía del tren minero de
Ojos Negros. Hicimos algunos vadeos del río Albentosa y llegábamos
sin ningún incidente al pueblo de Manzanera. Pero no había terminado
todo pues allí nos esperaba un pequeño circuito con subidas y
bajadas, con una zona de barro que puso a prueba a pilotos y mecánicas.
Las motos pasaban sin problemas, pero los coches se negaban a subir la zona
del barro.
Pasamos
una mañana muy agradable, lejos parecía el frío de la jornada
anterior. Con una temperatura primaveral, todos disfrutamos mucho, tanto participantes
como organizadores, y al final de la comida se efectuó el reparto de
trofeos a los vencedores de la prueba especial en el circuito 4x4.
Queremos
dar las gracias a todos los participantes. No podemos evitar pensar siempre
lo mismo, que vosotros sois al fin, en nuestro negocio, la sal de la tierray
más claro, agua, y a buen entendedor con pocas palabras basta y a quien
buen árbol se arrima, buena sombra le cobija, ya sabéis lo que
se quiere decir. Para la próxima apuntaros otra vez. Sois un punto y
sois la hostia.