XII EXPEDICIÓN MAURITANIA 2001 - CRÓNICA

Del 4 al 24 de octubre

El pasado mes de octubre se llevó a cabo dicha expedición, aunque casi dos meses antes ya estábamos preparándola, permisos, visados, carnet de pasaje, seguros etc.

El día 4 a las 8 de la mañana tomamos el ferry hacia Ceuta. Aduana, papeleos y registro de los vehículos, sin ningún contratiempo llegamos a Marrakech donde teníamos prevista la primera etapa.

Al día siguiente devoramos los kilómetros que nos separaban de Tan Tan Playa y al buscar el mejor sitio para acampar surjen los primeros atascos en la arena.Tres coches quedaron completamente varados momentáneamente. En escasamente un cuarto de hora solucionamos el problema. Preparamos la hoguera y a cenar, pues al día siguiente nos esperaban bastantes kilómetros hasta llegar a las cercanías de Bojador, a las puertas del Desierto del Tiris.

Casi todo el recorrido discurre por unos acantilados impresionantes, con magníficas vistas al océano. Cada cual guarda para sí una bella postal de ese trayecto.

Visitando las partes más interesantes del recorrido y sin contratiempos dignos de mención, llegamos a una de las maravillas naturales de nuestra geografía, la bahía de Dakla, antigua Villa Cisneros. Al día siguiente nos esperaba una de las etapas más duras del recorrido. Preparamos el enredo de papeles necesarios (nutrido fajo) que se nos exígenpara poder acceder al conboy militar que al día siguiente nos acompañará hasta la frontera de Mauritania. Al entrar al país, nueva recapitulación de permisos, seguros, etc. Llegamos a Nouadhibou por la tarde, descansamos y al día siguiente hicimos un recorrido por Cabo Blanco, donde se pueden ver los únicos ejemplares de focas monje que existen en el mundo, tan grandes como algunas ballenas. También visitamos el gran cementerio de barcos abandonados a los cuales la mar se encarga de dar sepultura y enterrar bajo sus arenas. Panorámica estremecedora y sugestiva.

A las 7 de la mañana de un día espléndido nos pusimos en marcha para disfrutar de los 600 kilómetros que nos separan de Nouakchott, la capital de Mauritania. Rodamos por pistas con mucha arena. Los coches pasaban bien, pero las motos sufrieron algunas dificultades. Durante el transcurso del viaje, cuando todo parecía ir tan bien, en un momento dado tuvimos un percance. Me llamaron por la emisora diciéndome que un piloto de moto había sufrido una caída. Íbamos distanciados unos de otros para rodar mejor, enseguida acudimos todos para socorrer al motero. El experto médico que venía conmigo enseguida diagnosticó, clavícula y tres costillas rotas. Las mágicas manos de Antonio, improvisaron una fantástica cura en medio del desierto. Seguidamente nos preparamos para pasar la noche cerca de la playa y estar en alerta por si la situación del compañero herido empeorara y poder regresar en el menor tiempo posible al hospital de Nouadhibou. Al día siguiente el parte médico era favorable. Sin prisas pero sin pausas, pasamos la cordillera de dunas hasta llegar a la aldea de pescadores de Mangar. Ahí es donde tenemos que esperar a que baje la marea para poder hacer los kilómetros que nos separan de la capilal. Esta travesía es fantástica y se realiza por la playa, justo entre el agua y la arena. En este costear hay que llevar un especial cuidado, pues si te separas del mar y te internas en la arena te quedas atascado. Cada atasco y cada parada que se hace es tiempo que se pierde y después, en los últimos kilómetros, lo puedes pagar caro ya que sólamente tienes cuatro horas de marea baja efectiva para poder hacer este recorrido, y si no lo controlas bien, el mar no perdona y se te llevan los diablos. ¿No querían aventura? Uf, Uf, llegamos justo a una de las pocas salidas que tiene dicha playa, pues casi siempre tenemos a nuestra izquierda impresionantes muros de arena que no te dejan salir, nos hicimos los últimos 50 km por una pista interior que sin problemas nos llevó a Nouakchott. Nada más llegar, dimos parte al seguro de asistencia en viaje el cual eficazmente se encargó de repatriar al compañero accidentado.


Visitamos los lugares más interesantes de la capital, saludamos a nuestros amigos de la embajada y estuvimos informándonos de los acontecimientos de la guerra en Afganistán, pues casi no teníamos noticias de nada, eso es lo mejor de estos viajes, que te quedas totalmente desconectado del mundo exterior. Visitamos el oasis de Targuist, nos dimos un baño en sus cálidas aguas, el calor apretaba, estábamos a 43 grados. La temperatura máxima la tuvimos en Chinguetti 48 grados aunque te metieras en la sombra. Estuvimos un día completo disfrutando de la tranquilidad de ese pequeño y encantador pueblecito rodeado de dunas y, admirando un colorido sin igual, para el cual estrenamos ojos nuevos. Pero teníamos que continuar, dejábamos atrás la dulce paz de tal remanso. ¡Ea!, volvimos por nuestros fueros a la dureza del camino. Al llegar a la ciudad de Atar repostamos a tope de agua y combustible y nos preparamos para hacer la difícil pista de Tmeimichat Lanouar Nouadhibou, alternando algunos tramos muy rápidos con otros lentos de mucha arena, subiendo y bajando dunas durante 150 km con los motores a pleno esfuerzo. A los coches más cargados y con menos caballos teníamos que dejarlos que se recuperaran; siempre lo hacíamos sin parar el motor y de cara al viento que siempre sopla por esa zona. Al llegar a Nouadhibou todos nos hacíamos la misma pregunta, no habíamos tenido ni el más mínimo atasco ni contratiempo, sólo un pinchazo, la verdad es que en esta expedición venía gente muy experta y esta experiencia se deja notar; y también, por qué no decirlo, la suerte nos acompañó. Días antes había llovido bastante y por esa razón la arena estaba más dura que otras veces. Ya de regreso, entramos en nuestro vecino país Marruecos, nos separaban todavía más de dos mil kilómetros para el final del viaje, pero ya nos daba la sensación de estar casi en nuestra casa. Mauritania y Marruecos son países muy diferentes, y desde este último ya nos parecía respirar un aire peninsular.
Como casi siempre, una vez entrados de nuevo a Marruecos algunos tenían prisa por regresar lo antes posible y otros preferían hacer el final más tranquilo y disfrutar de los días que todavía nos quedaban. A la sazón, nos entregamos a un turismo más al uso. Visitamos la bonita ciudad de Tiznit, la turística Agadir, Essaouira, Marrakech y cuando nos dimos cuenta, ya estábamos otra vez cogiendo el ferry que nos cruzaría a la península. Aquello se acababa.
Total más de 6000 km llenos de emoción, experiencias, feliz aventura y anécdotas curiosas. Yo particularmente siempre pienso lo mismo: que en los países africanos nunca dos y dos son cuatro y que cada expedición es diferente a las anteriores. Durante los kilómetros que quedaban hasta llegar a casa, en mi cabeza ya se estaba planificando el próximo viaje a África, que será si Dios quiere para el mes de marzo y abril coincidiendo con los días de Semana Santa. Los países a recorrer serán Marruecos, Mauritania y Senegal hasta llegar a Dakar.
¿Quién se apunta?