El pasado mes de octubre se llevó a cabo dicha expedición, aunque casi dos meses antes ya estábamos preparándola, permisos, visados, carnet de pasaje, seguros etc.
El día 4 a las 8 de la mañana tomamos el ferry hacia Ceuta. Aduana,
papeleos y registro de los vehículos, sin ningún contratiempo
llegamos a Marrakech donde teníamos prevista la primera etapa.
Al día
siguiente devoramos los kilómetros que nos separaban de Tan Tan Playa
y al buscar el mejor sitio para acampar surjen los primeros atascos en la arena.Tres
coches quedaron completamente varados momentáneamente. En escasamente
un cuarto de hora solucionamos el problema. Preparamos la hoguera y a cenar,
pues al día siguiente nos esperaban bastantes kilómetros hasta
llegar a las cercanías de Bojador, a las puertas del Desierto del Tiris.
Casi todo el recorrido discurre por unos acantilados impresionantes, con magníficas
vistas al océano. Cada cual guarda para sí una bella postal de
ese trayecto.
Visitando
las partes más interesantes del recorrido y sin contratiempos dignos
de mención, llegamos a una de las maravillas naturales de nuestra geografía,
la bahía de Dakla, antigua Villa Cisneros. Al día siguiente nos
esperaba una de las etapas más duras del recorrido. Preparamos el enredo
de papeles necesarios (nutrido fajo) que se nos exígenpara poder acceder
al conboy militar que al día siguiente nos acompañará hasta
la frontera de Mauritania. Al entrar al país, nueva recapitulación
de permisos, seguros, etc. Llegamos a Nouadhibou por la tarde, descansamos y
al día siguiente hicimos un recorrido por Cabo Blanco, donde se pueden
ver los únicos ejemplares de focas monje que existen en el mundo, tan
grandes como algunas ballenas. También visitamos el gran cementerio de
barcos abandonados a los cuales la mar se encarga de dar sepultura y enterrar
bajo sus arenas. Panorámica estremecedora y sugestiva.
A las 7 de la mañana de un día espléndido nos pusimos
en marcha para disfrutar de los 600 kilómetros que nos separan de Nouakchott,
la capital de Mauritania. Rodamos por pistas con mucha arena.
Los
coches pasaban bien, pero las motos sufrieron algunas dificultades. Durante
el transcurso del viaje, cuando todo parecía ir tan bien, en un momento
dado tuvimos un percance. Me llamaron por la emisora diciéndome que un
piloto de moto había sufrido una caída. Íbamos distanciados
unos de otros para rodar mejor, enseguida acudimos todos para socorrer al motero.
El experto médico que venía conmigo enseguida diagnosticó,
clavícula y tres costillas rotas. Las mágicas manos de Antonio,
improvisaron una fantástica cura en medio del desierto.
Seguidamente nos preparamos para pasar la noche cerca de la playa y estar en
alerta por si la situación del compañero herido empeorara y poder
regresar en el menor tiempo posible al hospital de Nouadhibou. Al día
siguiente el parte médico era favorable. Sin prisas pero sin pausas,
pasamos la cordillera de dunas hasta llegar a la aldea de pescadores de Mangar.
Ahí es donde tenemos que esperar a que baje la marea para poder hacer
los kilómetros que nos separan de la capilal. Esta travesía es
fantástica y se realiza por la playa, justo entre el agua y la arena.
En este costear hay que llevar un especial cuidado, pues si te separas del mar
y te internas en la arena te quedas atascado. Cada atasco y cada parada que
se hace es tiempo que se pierde y después, en los últimos kilómetros,
lo puedes pagar caro ya que sólamente tienes cuatro horas de marea baja
efectiva para poder hacer este recorrido, y si no lo controlas bien, el mar
no perdona y se te llevan los diablos. ¿No querían aventura? Uf,
Uf, llegamos justo a una de las pocas salidas que tiene dicha playa, pues casi
siempre tenemos a nuestra izquierda impresionantes muros de arena que no te
dejan salir, nos hicimos los últimos 50 km por una pista interior que
sin problemas nos llevó a Nouakchott. Nada más llegar, dimos parte
al seguro de asistencia en viaje el cual eficazmente se encargó de repatriar
al compañero accidentado.
Visitamos los lugares más interesantes de la capital, saludamos a nuestros
amigos de la embajada y estuvimos informándonos de los acontecimientos
de la guerra en Afganistán, pues casi no teníamos noticias de
nada, eso es lo mejor de estos viajes, que te quedas totalmente desconectado
del mundo exterior.
Visitamos
el oasis de Targuist, nos dimos un baño en sus cálidas aguas,
el calor apretaba, estábamos a 43 grados. La temperatura máxima
la tuvimos en Chinguetti 48 grados aunque te metieras en la sombra.
Estuvimos
un día completo disfrutando de la tranquilidad de ese pequeño
y encantador pueblecito rodeado de dunas y, admirando un colorido sin igual,
para el cual estrenamos ojos nuevos. Pero teníamos que continuar, dejábamos
atrás la dulce paz de tal remanso. ¡Ea!, volvimos por nuestros
fueros a la dureza del camino. Al llegar a la ciudad de Atar repostamos a tope
de agua y combustible y nos preparamos para hacer la difícil pista de
Tmeimichat Lanouar Nouadhibou, alternando algunos tramos muy rápidos
con otros lentos de mucha arena, subiendo y bajando dunas durante 150 km con
los motores a pleno esfuerzo. A los coches más cargados y con menos caballos
teníamos que dejarlos que se recuperaran; siempre lo hacíamos
sin parar el motor y de cara al viento que siempre sopla por esa zona. Al llegar
a Nouadhibou todos nos hacíamos la misma pregunta, no habíamos
tenido ni el más mínimo atasco ni contratiempo, sólo un
pinchazo, la verdad es que en esta expedición venía gente muy
experta y esta experiencia se deja notar; y también, por qué no
decirlo, la suerte nos acompañó. Días antes había
llovido bastante y por esa razón la arena estaba más dura que
otras veces. Ya de regreso, entramos en nuestro vecino país Marruecos,
nos separaban todavía más de dos mil kilómetros para el
final del viaje, pero ya nos daba la sensación de estar casi en nuestra
casa. Mauritania y Marruecos son países muy diferentes, y desde este
último ya nos parecía respirar un aire peninsular.
Como casi siempre, una vez entrados de nuevo a Marruecos algunos tenían
prisa por regresar lo antes posible y otros preferían hacer el final
más tranquilo y disfrutar de los días que todavía nos quedaban.
A la sazón, nos entregamos a un turismo más al uso. Visitamos
la bonita ciudad de Tiznit, la turística Agadir, Essaouira, Marrakech
y cuando nos dimos cuenta, ya estábamos otra vez cogiendo el ferry que
nos cruzaría a la península. Aquello se acababa.
Total más de 6000 km llenos de emoción, experiencias, feliz aventura
y anécdotas curiosas. Yo particularmente siempre pienso lo mismo: que
en los países africanos nunca dos y dos son cuatro y que cada expedición
es diferente a las anteriores. Durante los kilómetros que quedaban hasta
llegar a casa, en mi cabeza ya se estaba planificando el próximo viaje
a África, que será si Dios quiere para el mes de marzo y abril
coincidiendo con los días de Semana Santa. Los países a recorrer
serán Marruecos, Mauritania y Senegal hasta llegar a Dakar.
¿Quién se apunta?