El día 17 de septiembre por la tarde nos reuníamos en el puerto de Algeciras los parti-cipantes de dicha expedición a Marruecos.
Embarcamos coches, remolques y por supuesto los quads.
Llegamos a Ceuta, cargamos combustible barato y después de los papeleos de la aduana nos hicimos 45 km hasta la bonita ciudad de Tetuán, donde pasamos la noche.
Al día siguiente 690 km por carretera hasta llegar a las puertas del desierto: la ciudad de Erfoud, mi segundo pueblo donde me casé hace algunos años.
No hizo falta poner el despertador, pues nada más hacerse de día ya estábamos con los quads preparados para meternos de lleno en el recorrido del primer día de pistas desérticas.
Ya salimos de Erfoud por la pista de los palmerales. Para llegar al cauce seco del río Ziz pasamos por mucha arena, lo seguimos hasta el final donde ya se borraban las trazadas de los vehículos 4x4 que se atrevieron a pasar por allí. Más adelante quedaron solamente las huellas de nuestros quads, una zona de pequeñas Dunas que teníamos que sortear por donde
podía-mos y poco a poco salimos a un lago seco, y de allí al pequeño pueblo de Merzouga, donde nos esperaba el vehículo de asistencia. Hicimos una parada de una hora que nos vino bien para refrescarnos y prepararnos para continuar hasta las minas de Meffis, un control militar en uno de los puestos más cercanos a la frontera con Argelia y llegamos a un pequeño albergue rodeado de grandes dunas. Comimos, descansamos y esperamos a que el sol perdiera fuerza, por la tarde llegamos al Hotel, un baño y una buena cena; teníamos que reponer fuerzas para el día siguiente.
Esta sería la etapa más dura del recorrido. Empezamos a las 8 de la mañana y llegamos al hotel de la ciudad de Tinergir a las 11 de la noche, con un total de 400 km de arenales, pérdida de algunos participantes y un sinfín de problemas. Los quads deportivos con motores de dos tiempos sufrían bastante y casi llegaban a gripar el motor a consecuencia de las altas tempera-turas, pero por fin llegamos bien a nuestro destino.
Al día siguiente la etapa sería más corta y relajada, visita turística a los fantásticos palmerales y las incomparables gargantas del Todra.
A mediodía estábamos en la pista que nos llevaría al pueblo de Alnif, donde comimos. Por la tarde hicimos algunos km por carretera y luego nos adentramos otra vez en las Dunas del Erg Chevi, donde pasamos la noche en un fantástico albergue con aire acondicionado. ¡Qué lujazo, tío!
Después de cenar nos daba lástima irnos a dormir porque estábamos muy contentos escu-chando el sonido y la música de los tambores de nuestros amigos bereberes, pero teníamos que retirarnos porque al día siguiente nos levantaríamos muy temprano para ver el incompara-ble espectáculo de la salida del sol entre las dunas.
Otra etapa relajada y más corta, el cansancio de los días anteriores se notaba. A medio día ya habíamos terminado los deberes. Cargamos los quads a los remolques y dejamos todo preparado para salir al día siguiente por carretera a la ciudad de montaña Midelt, en las mismas faldas del Atlas. Llegamos a mediodía y después de comer nos preparamos para hacernos 40 km de pista infernal, debido a las fuertes tormentas de días pasados la pista había desaparecido, se había convertido en una trialera difícil de superar, como pudimos llegamos al circo de Jaffar. Allí un quad de 2 tiempos ya dijo ¡basta!, con el motor gripado descendimos otra vez a Midelt, donde llegamos al hotel de noche, después de cenar recordábamos anécdotas y situaciones pasadas durante el viaje.
Otra vez carretera hasta Ceuta donde cogimos el barco de las 7 de la tarde por los pelos.
Llegamos a Algeciras, despedida e intercambio de direcciones para mandarnos las fotos y vídeos y recordaros la próxima cita para la Ruta de Javalambre 2005.
Escribe: Carlos Verduras.