A las 8 de la mañana del día 6 de octubre, cruzábamos el estrecho en el Ferry que nos llevaría a Ceuta.
El día amenazaba lluvia y pronto lo pudimos comprobar, nada más repostar de combustible los vehículos cuando nos dirigíamos a la frontera Marroquí nos cayó la primera tromba de agua.
Papeleos de aduana, cambio de moneda y a las 11 horas de España, 9 horas marroquíes, estábamos haciendo kilómetros en dirección a Rabat. A la altura de Tetuán nos vuelve a caer otra fuerte tormenta, los coches no teníamos problemas pero el pobre Mariano que conducía una de las motos llegó a Marrakech con el impermeable completamente destrozado por el viento y la lluvia.
Al día siguiente dirección Agadir. Mucho tráfico y la lluvia del día anterior se convirtió en calor. Pasamos Tan Tan y en el bonito paraje de Oued Chevika montamos el campamento cerca de la playa.
Teníamos repartidos los 2000 Km. hasta llegar a Dakla en tres días, por lo cual tuvimos que levantarnos temprano para hacernos los 800 Km. restantes. Llegamos a Dakla sin problemas, solamente la segunda moto que la transportaba su dueño en el remolque, cuando se decidió a rodar con ella nos dió un ligero problema de carburación.
Todo nos iba saliendo según la programación prevista. Dejamos el remolque de la moto en lugar seguro y continuamos a la frontera de salida marroquí y de entrada a Mauritania. Armados de mucha paciencia y poco a poco, terminamos de solucionar los reglamentos y pagos obligatorios, visados, etc. que exigen las autoridades fronterizas de aquel país.
Tuvimos que hacernos los últimos 50 Km. de pistas malas entre pedregales circulando de noche a velocidad lenta pues en cualquier piedra o agujero podías romper una rueda o un amortiguador. Los vehículos iban bastante cargados, sobre todo el de asistencia con el equipaje y combustible de las motos. Llegamos a Nouadibou sin casi problemas, una pequeña caída de una de las motos pero sin consecuencias. Después de una buena cena a base de pescado y cuando parecía que todo estaba saliendo a la perfección, empezaron las primeras polémicas del viaje, unos decían que por qué habíamos rodado tan despacio en esos 50 Km. de pistas, otros razonaban y decían que para ellos todavía se había ido demasiado rápido. Mis sospechas de que algo extraño se estaba cociendo en la convivencia del grupo acaban de empezar. Aconsejé que nos debíamos de mentalizarnos de que teníamos muchos días de viaje por delante y recordé al personal que todo estaba saliendo tal y como estaba escrito en la información de ruta que anteriormente cada uno había recibido en su domicilio; que esto era un viaje para poder disfrutar de la arena y de los paisajes, circular relajados y sin prisas, no tomárselo como una competición de “marica el último”, pero creo que algunos ni me escuchaban.
Al día siguiente por la mañana nos aprovisionamos de agua potable, comida y combustible para los dos días que nos llevaría llegar a la capital de Mauritania, Nouatchot. A medio día ya estábamos listos para partir, poco a poco salíamos del laberinto de pistas de la construcción de la nueva carretera. Entrábamos por la Bahía de Lebrier, unas vistas precisas y un rodar liso y rápido para los vehículos, pronto llegaron los inmensos arenales del desierto de Mauritania. Los vehículos iban más cargados todavía que los días anteriores, algún pequeño atasco pero sin importancia. El calor se hacía cada vez más intenso y el ritmo de marcha cada vez era mayor, mis consejos de rodar más despacio no surgían efecto sobre algunos participantes. Acabé por cabrearme seriamente pues nunca, en ningún viaje anterior, me había ocurrido lo que estaba pasando en éste. Cada uno iba a la suya a ver quien corría más, haciendo caso omiso a mis indicaciones adquiridas a lo largo de estos últimos veinte años organizando expediciones. A uno de los pilotos de moto se le acabó terminando las fuerzas, y el agotamiento y la poca preparación física hizo el resto para dejarlo en un estado precario de salud. Teníamos dos soluciones, remolcar la moto con el vehículo de asistencia y que el pobre Mariano se fuera recuperando o que la moto la cogiera uno de los pilotos de moto que iban en otro coche, pues la otra moto la conducían dos personas; dos hermanos que se iban turnando. Después de consultar con estos se decidió voluntariamente que uno de ellos llevaría la moto mientras Mariano se recuperaba poco a poco en uno de los coches que tenía aire acondicionado.
Sin ningún otro problema llegamos pronto al lugar de acampada, con tiempo suficiente para darnos un baño y relajarnos de la dura jornada, el sitio era fantástico en pleno corazón del Parque Nacional de Bank de Arguin, a la orilla misma de la playa, el calor como es natural había bajado y nuestro amigo ya se había recuperado. Después de la cena estaba completamente nuevo.
Pero en su majestad el desierto nunca hay que bajar la guardia.
Lo que parecía que iba a ser una bonita noche de luna llena y tranquila, se convirtió en un infierno. Se desato una fuerte tormenta de arena que hizo volar nuestras tiendas de campaña, sillas y mesas que nos habíamos dejado fuera. Estaba claro que aunque no nos guste, eso forma parte de los viajes de aventura en pleno desierto.
Al día siguiente no teníamos casi referencias de las trazadas de la pista pues el viento las había borrado. Gracias al GPS con los puntos de otras ediciones anteriores, la inestimable ayuda del buen amigo Ignacio (saharawi con nacionalidad española y unos de los más experimentados guías de Mauritania que nos orientaba por el mejor sitio a seguir en las zonas críticas y en los pasos complicados de mucha arena) y por qué no decirlo, la gran experiencia de los participantes y el avanzado nivel de conducción de la mayoría, llegamos a medio día al principio de la pista donde se coge la orilla de la playa para poder llegar a la capital Nouatchot. Llegamos con tiempo suficiente para poder relajarnos, ya que teníamos que esperar 2 horas para que bajara la marea. Se suponía que mientras comíamos, y nos bañábamos pasaría ese tiempo, así lo tenía yo preparado, pero otra vez las prisas de la mayoría de los participantes nos hicieron cambiar los planes. Había prisa por llegar a la capital y poder descansar en un Hotel.
Cambiamos de rumbo hacia el interior para ir al encuentro de la nueva carretera en construcción que unirá las dos capitales, nos hicimos bastantes kilómetros de asfalto muy bueno y el resto de pistas súper rápidas a punto de echar el asfalto. Llegamos a Nouatchot sobre las 4 de la tarde, nos instalamos en el Hotel y en el Camping, están juntos y en la misma orilla de la playa. Allí estaba previsto pasar dos noches: la primera noche fue tranquila, pero la segunda no. Sobre las dos de la madrugada nos avisan que quitáramos los coches de donde estaban aparcados pues la recepción del hotel estaba ardiendo. Increíble, se había prendido fuego el hotel. Llegaron dos camiones de bomberos y los pobres nada pudieron hacer con los pocos medios que tenían, solamente escaparon de las llamas los jardines y los bungalows donde nosotros estábamos pues se encontraban bastante apartados del incendio, pero el susto fue tremendo.
A las 9´30 de la mañana y semirepuestos del susto salimos de la capital para dirigirnos a Rosso, frontera con Senegal. Cruzamos el rió Senegal por el Parque Nacional de Diama, a través de la presa del mismo nombre.
Una vez llegamos a la frontera comenzamos a preparar los papeles obligatorios de policía y aduana, y allí comenzaron los verdaderos problemas del viaje. La nueva y absurda ley que por lo visto salió en vigor en el mes de julio, impide la entrada al país a los vehículos de más de 5 años de antigüedad. Yo, como organizador del viaje, anteriormente aquí en España me había puesto en contacto con la embajada de Senegal en Madrid preguntando por los rumores que se escuchaban sobre esta nueva reforma. Me aseguraron que todo estaba igual que la última vez que yo había pasado por esa frontera en el mes de junio de este mismo año, que una cosa era pasar con vehículos para venderlos y otra muy distinta pasar con tu propio vehículo y después salir otra vez con el mismo. Incrédulo de mí, a los pocos días les volví a insistir sobre el tema al personal de la embajada en Madrid y enfadados y ofendidos me contestan que si yo no me fiaba de ellos que llamara personalmente por teléfono a Senegal al Club 4x4 Complejo Turístico Calao. Así hice y allí me dijeron por teléfono que no saben nada de esa ley, que todo sigue igual que antes, que al llegar a la frontera nos harían un permiso temporal para poder circular y que no sabían nada de otra ley nueva. Pues bien, cuando llegamos a dicha frontera nos dicen y aseguran las autoridades competentes que permanece bajo prohibición total la entrada a Senegal de nuestros vehículos pues tenían más de 5 años. Les ofrecimos dinero, regalos, les prometí que para la próxima expedición en el mes de diciembre les llevaría algo que ellos necesitaran,… nada de nada, no hubo forma de “convencerlos”, la nueva ley era tajante y severa. Una cosa esta clara, y que cualquier persona que haya viajado por países africanos me dará la razón, en estos países, casi nunca dos y dos son cuatro, te puedes llevar cualquier sorpresa, lo que hoy es verde mañana es rosa.
Todo esto traté de explicárselo a los participantes, pero no hubo manera de hacerles comprender la situación, les propuse cambiar el recorrido y entrar al vecino país de Mali o depositar nuestros vehículos en la aduana y alquilar un vehículo que nos llevara a todos a Dakar, visitando el Lago Rosa y que nos trajera otra vez, pues solamente estábamos a un día de nuestro objetivo. Imposible dialogar razonadamente, ellos solamente querían que les devolviera el importe del viaje, yo les decía que eso no podía ser, que era injusto que estando solamente a un día del final de llegar a Dakar y pudiendo tener otras soluciones no las aceptaran, yo aceptaba mi fallo, pero les pedía comprensión ya que los gastos del viaje yo los tenia igual llegáramos a Dakar o no.
La discusión subía de tono, los insultos hacia mí y mi familia eran insoportables, hasta que llegué al limite de lo que puede llegar una persona, se me cruzaron los cables, y tuvimos unas escenas que es mejor no nombrarlas ni recordarlas. Después que pasó todo y en presencia de las Autoridades Aduaneras, Policía, etc. llegamos a un acuerdo en la importe a devolver, en presencia de la Policía nos dimos la mano, pedimos perdón unos a otros y nos prometimos olvidar las escenas tan desagradables que habíamos tenido.
Estaba claro que el viaje se había roto allí, aunque ya venía mal casi desde el principio, pero teníamos que regresar, y regresar lo mejor posible.
Con las prisas por llegar otra vez a Nouatchot y descansar en Hotel tuvimos que sacrificarnos y circular bastante por la noche, algunos conductores de coche se dormían, tuvimos que parar varias veces, yo les aconsejaba montar las tiendas y dormir y al día siguiente continuar ya que ahora nos sobraban días, pero había necesidad de llegar a un hotel.
Era una carretera peligrosa debido a los muchos animales que se cruzaban cuando menos te lo esperabas, teníamos miedo por las motos pues ya sólo nos faltaba sufrir algún accidente.
Yo circulaba el primero de la caravana avisando con los intermitentes traseros y comunicando con la emisora cuando se cruzaba o intentaba cruzar algún camello, burro o vaca. De repente escucho por la radio, “¡Pára Carlos, pára, que a Miguel se le ha cruzado un burro y lo ha atropellado! ¡Joder que noche! el frontal y los faros destrozados, menos mal que a piloto y pasajero no les había ocurrido nada, otra vez teníamos que decir AL HAMDO LILLAH ( GRACIAS A DIOS ) .
Por fin sobre las tres de la noche llegamos a la capital.
Al día siguiente se decidió regresar a Marruecos por el recorrido más corto posible, éste sin lugar a dudas era por la pista de la playa.
Así lo hicimos esperamos tener la marea a nuestro favor. Esta vez sí disfrutamos de las maravillosas vistas que nos ofrece el Parque de Bank de Arguin, con sus aves, y animales de varias especies.
Otra vez teníamos prisa, nos propusimos llegar a la frontera marroquí al día siguiente, por lo que tuvimos que madrugar un poco, circulábamos bastante rápidos, pero teníamos que llegar a la frontera de Marruecos antes de las 6 de la tarde pues a partir de esa hora cierran y a esperar hasta mañana.
Íbamos muy bien de tiempo, eran las 2 de la tarde y ya nos faltaba poco para llegar a la frontera de salida de Mauritania. A consecuencia de un despiste mío nos pasamos de largo en una desviación que teníamos que tomar a la izquierda y según el GPS nos alejábamos del punto donde teníamos que dirigirnos. Ante la incertidumbre de si esa pista nos llevaría o no al rumbo bueno, decido que demos media vuelta y buscar con atención el dichoso desvío, las tormentas anteriores habían tapado en parte las huellas anteriores y no era tarea fácil localizarlas.
Por fin damos con la pista buena, continuábamos bien de tiempo pero con el afán de ganar el perdido, pasando por un tramo de mucha piedra, me topo con la piedra más gorda que había en la pista con tan mala suerte que me saca del sitio la bola de una rótula de la dirección. Con la ayuda de algunos y las críticas de otros reparamos en tiempo record haciendo una chapucilla.
Salimos de Mauritania y entramos a Marruecos sin más problemas que los normales de otras veces anteriores.
Nos hicimos 60 Km. hasta llegar al primer área de descanso; restaurante, surtidor y un lugar muy acogedor. Allí pasamos la noche. Al día siguiente ya cada cual era libre de llevar el ritmo de marcha que le diera la gana y parar en el lugar que quisiera pues allí el viaje se terminaba. Entregué a cada uno sus billetes del Ferry, algunos se despidieron de mi y otros no.
Cargué la moto de uno de los participantes en el semirremolque en forma de horquilla y se la transporté como le había prometido, pues todavía nos quedaban dos mil kilómetros hasta llegar a Ceuta y el pobre Mariano se lo merecía.
Durante el viaje fuimos repasando las mil anécdotas que nos habían sucedido.
Un viaje bonito pero para olvidar.