IX EXPEDICIÓN DAKAR 2003 - CRÓNICA

16 de abril al 3 de mayo de 2003

A pesar de los miedos que existían entre algunos participantes por los problemas que podríamos tener los europeos y particularmente los españoles en países islámicos y, a pesar de las malas noticias que recibíamos diariamente de la guerra de Irak, el día 15 de abril nos reunimos los 18 participantes en la ciudad de Algeciras.

Después de conocernos y explicar algunos consejos y forma más adecuada de circular por los distintos países que tendríamos que atravesar, comprobar libros de ruta con las distintas coordenadas, preparar equipajes de las motos, cargarlo todo en el vehículo de asistencia y dejarlo todo preparado para el día siguiente; nos fuimos a cenar y descansar pues al día siguiente embarcábamos y nos esperaban 600 km de camino y papeleos en la frontera.

Sin ningún problema llegamos a la ciudad de Marrakech.

La siguiente etapa sería también de 700 km hasta llegar a un bonito paraje, la desembocadura del río Oled Chevica, acampamos junto a la playa.

Otros 700 km más y estábamos en Dakla, antigua ciudad española, Villa Cisneros. Aquí tuvimos el primer problema, uno de los coches dijo que no quería seguir caminando, lo remolcamos durante 200 km, cambiamos el disco del embrague y a última hora del día siguiente ya estábamos reunidos con el resto de participantes, pues decidimos que las motos y algún coche salieran antes con el fin de no circular de noche.

Salir de Marruecos y entrar en Mauritania requiere una gran paciencia, la experiencia de otras ocasiones nos serviría de mucho. 400 km y llegamos a Nouadhibou. Cambiamos ruedas nuevas de tacos a las motos y cargamos muchos litros de gasolina, agua y comida para dos días que serían lo que teníamos previsto que nos costaría atravesar el Parque Nacional Ban D'Argin hasta llegar a la capital de Mauritania, Nouakchot. La arena no se terminaba nunca, algunos pequeños atascos de los coches y poco más. Parajes maravillosos, hicimos muchas fotos.

Las motos iban como aviones, los pilotos tenían bastante nivel de conducción y estaban disfrutando como chiquillos.

Llegamos a Rosso la ciudad fronteriza entre Mauritania y Senegal, la vez anterior tuvimos problemas para cruzar el gran río en el transbordador por lo que esta vez nos decidimos por cruzar por la presa de Diama, nos salió bien la jugada, pero a costa de obsequiar “voluntariamente” con algunos regalillos a los interesados. Por la noche estábamos descansando en las playas de San Luis.

Sin saber exactamente por qué, el ritmo de marcha aumentaba, nos hacíamos adelantamientos increíbles y arriesgados entre nosotros, todos teníamos prisa por llegar al mítico y popular Lago Rosa, este lago todos sabemos que es el final del Rally París Dakar. Bueno pues allí estábamos todos, cada uno con sus problemas mecánicos o físicos, pero nuestra mitad del objetivo estaba cumplido.

Un día de descanso en Dakar nos fue bien pues pudimos relajarnos un poco y nos dio oportunidad de poner a punto nuestras mecánicas.
Nos esperaban las etapas más difíciles del viaje. El regreso no fue nada fácil pues las temperaturas subían más y más cada día, el recorrido anterior se hizo más o menos cercano a la costa del océano, pero el regreso lo hicimos por el interior, por el corazón del Sahara Occidental.

Por las cercanía de Adjout nuestros termómetros marcaban 45 grados, la temperatura de los vehículos subía espectacularmente y las condiciones físicas de las personas se resentían. Con bastantes problemas llegamos a la ciudad de Atar, una moto se rindió, junta de culata y problemas de refrigeración, un piloto de moto con mareos y fiebre alta, algunos participantes de los coches también estaban tocados, las temperaturas habían superado los 50 grados y nos pillaron de sorpresa, pues habíamos pasado del frío invierno de nuestro país a las temperaturas altísimas con que nos castigaba el desierto.

Afortunadamente, la noche la pasamos en un confortable hotel con aire acondicionado y al día siguiente ya estábamos bastante recuperados.

La moto rota no tenía solución, la tuvimos que llevar con nosotros como equipaje.

Cargamos combustible, agua y comida para dos o tres días que es lo que nos costaría llegar a la frontera de Mauritania, salida de ese país y entra en Marruecos, 700 km de pistas con muchísima arena, subidas y bajadas de dunas contínuas. La pista sigue la dirección de la vía del ferrocarril minero. La jugada otra vez nos salió perfecta, pues el recorrido previsto lo hicimos en dos días.

Al entrar de nuevo en Marruecos nos parecía que ya estábamos en nuestra casa, todavía nos faltaban 2000 km, pero las temperaturas ya eran normales y el viaje se transformó en turismo. Visitamos la bonita ciudad de origen portugueses, Essaouira, tiene unos pescados y mariscos riquísimos.

Al día siguiente nos hicimos los 800 km que nos faltaban para llegar a Ceuta donde embarcamos al final de nuestro recorrido.

Esta misma expedición se repetirá en el mes de Octubre.