IV EXPEDICIÓN MALI - PAÍS DOGÓN 2002 - CRÓNICA

Del 1 al 31 de octubre

Tal como os adelantamos al principio de planificar este viaje, en el África negra nunca dos y dos son cuatro, que los pequeños problemas se pueden convertir en grandes problemas, y que la convivencia en viajes de esta duración es difícil.

Empezamos:
Rodar en 29 días de expedición 11.000 km de asfalto, pistas lentas, con barro, mucha arena y a veces pistas rápidas, no es nada fácil, pero tenemos que reconocer que tuvimos suerte y todo nos salió bien.

Tuvimos que reparar pequeñas chapuzas mecánicas, sobornar a policías porque nos faltaba algún cuño en el pasaporte, otras veces pasábamos puestos fronterizos sin pasar aduanas y sin apenas control, otras veces nos sometieron a registros interminables, padecimos fuertes tormentas de agua y viento que nos hacían imposible nuestro camino y por último nos tocó pagar 10.000 francos cefas, unas 2.500 pesetas antiguas, por atropellar una cabra en Kiffa. Así es el África negra. Pero que cada vez nos atrae más, con sus costumbres, sus rituales y formas de vida. Pasamos días duros, casi sin comer, y dormir poco pues teníamos que adelantar el tiempo perdido por las lluvias, pero también pasamos días maravillosos que solamente se pueden guardar y recordar en la mente de cada uno, pues no hay fotos, ni videos que te puedan describir esos momentos, solamente tú y tu vehículo sois los únicos testigos.

Marruecos lo pasamos lo mas rápido posible pues nuestro objetivo estaba en Senegal y Mali. Cruzamos los inmensos arenales de Mauritania, y admiramos el incomparable parque natural de Banc D'Arguin. Una singular belleza natural.

Llegamos a Nouakchott sin apenas contratiempos. Los pilotos de las motos tenían un nivel de conducción bastante alto, pero no así sus niveles de compañerismo pues cada uno iba a su aire y por rumbos diferentes, por eso nos dieron algún pequeño problema hasta llevarlos por el camino correcto pues no se hace más camino yendo mas rápido, sino sabiendo cual es la ruta y el rumbo bueno.

Cruzamos el rió Senegal por la pista y presa de Diama y esa misma noche pudimos descansar de la paliza del día en las playas de San Luis.

Al día siguiente llegamos a Dakar por el mítico lago Rosa , un día de turismo en la capital nos fue bien.

En Tambacounda nos preparamos para cruzar la frontera por el puesto de Kidira y entrar en Mali. La terrorífica pista de Kayes casi acaba con nosotros. En anteriores expediciones esta pista ya estaba en malas condiciones pero nunca como esta vez. ¡¡¡ 160 km de trialera de fango y barro debido a las fuertes tormentas que nos acompañaron !!! Nos encontramos con un camión con el chasis partido y vehículos 4x4 del país con problemas de transmisiones, en cada parada revisábamos nuestros vehículos y mirábamos los bajos, ruedas etc., pero nada podíamos ver pues todo era una bola de barro. Todos los vehículos iban con excesiva carga por la cantidad de equipaje que se precisa en este tipo de viajes. El vehículo de asistencia, un pick-up, estaba cargado a tope debido a que tenia que transportar el equipaje, combustible, recambios, agua y comida de las motos, pero como hemos dicho anteriormente la suerte nos acompañó y llegamos a Kayes sin romper nada.

Las pistas mejoraron pero todavía con mucho barro. Qué felicidad, podíamos rodar a 60 km por hora, que alucine, después de hacernos 160 km a 5 y 10 km/h el rodar a 60 nos parecía un sueño.

Llegamos a Nioro, de allí, a Diema y al día siguiente estábamos descansando en Bamako, en el magnífico hotel de nuestro amigo Keita, exjugador internacional de fútbol que defendió durante varios años los colores del Valencia C.F. Nos recibió como siempre, con mucha alegría, y aunque yo personalmente no soy un apasionado de este deporte, le respondí sus dudas referente al fútbol español lo mejor que pude.

Nuestro paso por Mopti fue de película, éramos los únicos turistas de la ciudad y aquello se debía de notar puestos que nos sentíamos como víctimas huyendo de vampiros que querían "chuparnos la sangre", incluidos los policías. Visitamos el puerto y nos quedamos con muchas ganas de subir en una chalupa (barcazas grandes que navegan por el rió Níger) para llegar a Tombouctou pero eso ya lo hicimos en otra expedición anterior. Esta vez decidimos dejarlo para otra ocasión ya que en aquella, se nos fue una semana entre la ida y la vuelta a pesar de que nos aseguraron de que la duración del trayecto era de 4 días. Incha'Allah.

Nuestro principal objetivo del viaje era sin duda el País Dogón y en ello dedicamos nuestro mayor empeño. Entramos en el interior de ese fascinante y pequeño país por Bandiagara, y de allí a Sanga. Montamos el campamento para la estancia de dos días y desde allí poder recorrer a pie los desfiladeros y fallas de los pequeños poblados Irelli, Banani, Bongo, y sus alrededores. Parecía que habíamos retrocedido muchos años atrás pues allí estábamos contemplando costumbres antiguas, formas de vestir, de comer, y de vida bajo unas leyes, ritos y religiones que solamente se encuentran por estos lares.

Llevábamos consumidos más de la mitad de los días del viaje por lo que teníamos que levantar el campamento y empezar a regresar, esta vez por otra ruta diferente, por la bonita pero complicada pista de Néma entramos de nuevo directamente a Mauritania.

Hasta Nouakchott nos encontramos todo asfaltado y recién construido, sin ningún problema, solamente en la complicada ciudad de Kiffa donde nos tocó pagar por el atropello de la mencionada cabra que anteriormente comentamos. Siempre que pasamos por esta ciudad sufrimos contratiempos, parece la ciudad gafe.

En la capital de Mauritania descansamos y preparamos de combustible los vehículos, comida y agua suficiente para tres jornadas que es lo que teníamos previsto hasta llegar directamente a Marruecos, sin pasar por Nouadhibou. Llegamos a la maravillosa bahía de Dakla, (antiguamente Villa Cisneros) por los pelos pues esas fronteras se cierran a las 6 de la tarde y si no llegas a tiempo, tienes que esperar al día siguiente, con lo cual pierdes todo lo que anteriormente has adelantado. Otra vez la suerte estaba de nuestra parte y logramos llegar a tiempo.

De regreso a casa decidimos pasar por la bonita y turística ciudad de Essaouira en la costa cerca de Agadir para gastamos el poco dinero que las aduanas de los distintos países nos habían "perdonado".

Llegamos al ferry de Ceuta un día antes de lo previsto, pero eso nos vino muy bien pues algunos teníamos que llegar a tiempo para ver el gran premio, el Mundial de Motociclismo que se celebraba en Valencia el viernes, sábado y domingo.

Escribe esta crónica: Carlos Verduras Sánchez. G.M.A. 4x4